Menu
Vuelca vehículo en el crucero San Pablo

Vuelca vehículo en el crucero San P…

San Cristóbal de Las Casa...

Evita asalto y termina en el barranco

Evita asalto y termina en el barran…

San Cristóbal de Las Casa...

Tránsito Municipal interviene tras ingreso de tráiler en sentido contrario y daños a inmuebles

Tránsito Municipal interviene tras …

San Cristóbal de Las Casa...

Denuncian presunto fraude por reventa de terrenos en San Cristóbal

Denuncian presunto fraude por reven…

San Cristóbal de Las Casa...

UNACH realiza Congreso Internacional sobre Pobreza, Migración y Desarrollo

UNACH realiza Congreso Internaciona…

San Cristóbal de Las Ca...

Impulsa Fabiola Ricci la rehabilitación de cancha de fútbol americano

Impulsa Fabiola Ricci la rehabilita…

San Cristóbal de Las Ca...

A punta de amenazas, asaltan tienda

A punta de amenazas, asaltan tienda

San Cristóbal de Las Ca...

Fuerte choque en el tramo Ocosingo–Oxchuc

Fuerte choque en el tramo Ocosingo–…

San Cristóbal de Las Ca...

Arrancan árboles sembrados durante jornada de reforestación en Cuxtitali

Arrancan árboles sembrados durante …

San Cristóbal de Las Ca...

Revisan avances de seguridad, infraestructura y logística para el Foro Internacional de Alfabetización en San Cristóbal

Revisan avances de seguridad, infra…

San Cristóbal de Las Ca...

Prev Next
A+ A A-

“Cultura” de la corrupción Destacado

La afirmación del presidente Enrique Peña Nieto, en torno al problema de la corrupción en el país (“la corrupción es parte de la cultura mexicana” paráf.), no es nueva, ni de aplicación remota o eventual. El fenómeno se ha enraizado por todos lados, principalmente en la clase política, cuyos integrantes se han llenado los bolsillos de manera excesiva y cínica.

Hace apenas unos días, la presidenta nacional del PRD, Alejandra Barrales, fue exhibida como la propietaria de un lujoso departamento en Miami, Florida; al dirigente nacional del PAN, Ricardo Anaya, le descubrieron propiedades en ese mismo país, lo mismo que a la esposa del presidente, Angélica Rivera y otros “distinguidos” miembros de esa realeza impune y grosera. 

Para nadie es secreto que el 90 por ciento de los políticos y funcionarios mexicanos, utilizan recursos públicos para adquirir bienes en otros países. La lista de exgobernadores y gobernadores en funciones que se han apoderado de millonarias cifras provenientes del erario, para ampliar su riqueza personal, es larga. 

El caso del exgobernador de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, se ha convertido en el de mayor escándalo, por las repercusiones que está dejando en el Ejecutivo Federal y por el derroche de medios al que su sucesor está recurriendo y que, no tiene otro objetivo que tapar con los excesos de Duarte, los propios, que empiezan a ser evidentes.

Así se va armando la cadena de corrupción; así también se va fortaleciendo la impunidad que ha sido el fundamento de cientos de hombres y mujeres dedicados a esa otrora noble tarea: gobernar para el progreso de los pueblos. 

De ahí que cuando el presidente Peña Nieto nos recordó esa penosa justificación de políticas fallidas, muchos se sintieron indignados. Y con sobrada razón, puesto que la frase salida de la boca de quien tiene la responsabilidad institucional y obligación moral de combatirla, sonó a burla, a vituperio, a escarnio oficial contra un pueblo que, hay que decirlo, ha permanecido silente, conformista y muchas veces solidario con los que han saqueado al país. 

¿Es la corrupción parte de la cultura mexicana? Sí y no. Sí, porque actualmente, ninguna política pública, ninguna estrategia, ninguna ley, ningún castigo ha sido suficiente para acabar con el flagelo; la corrupción se practica en todas partes. No, porque hay antes de ésta catastrófica crisis, un puñado de buenos ciudadanos que lucharon por forjar a un país progresista y sentaron las bases para su desarrollo. 

Si hoy se considera a la corrupción como parte sustancial del ser mexicano, es precisamente por las políticas fallidas y estrategias sin sustento. Hace todavía algunos años era impensable que un militante de la izquierda del país, se beneficiase con recursos públicos. Se consideraba hereje a quien siquiera, aceptase sentarse a dialogar con un priísta, por ejemplo. 

Por desgracia, quienes heredaron las siglas de partidos que antes lucharon férreamente y con dignidad contra la corrupción del PRI, son igual o peor de ladrones que los priístas.

¿De dónde la señora Barrales obtuvo el millón de dólares para adquirirlo? (Se presume que el departamento está tasado en más de millón y medio, pero ella ha insistido en uno solo.) ¿De sobornos políticos? ¿De venta de candidaturas? ¿Del erario de la CDMX? ¿Del erario de estados gobernados por el partido que dirige?

Entre ella y Anaya y una gran lista de políticos millonarios, se ha perdido el futuro del país y se ha mancillado la dignidad que otrora tuvo la oposición. En todo esto, podemos decir sin temor a equivocarnos que tan corruptos son los priístas como sus aparentes opositores. 

En ese contexto, debemos estar preparados para los discursos de campaña. No habrá uno solo de los candidatos que se asuma como parte de esa “cultura de la corrupción”. Habrá quienes prometan todo su esfuerzo para combatirla. Y no pasará nada. Discursos bofos; solamente palabras sin esencia ni sustancia, menos acción. 

 

Cuando la podredumbre se vuelve forma de vida, los pueblos mueren. Desaparecen. Lo estamos viendo ahora mismo: indiferencia, caos, anarquía. Son remanentes de la impunidad y la corrupción. Es el resultado de una autoridad sin supremacía moral y un pueblo silente, conformista. Si los santones de antes ahora son corruptos, ¿Qué debemos esperar de los ladrones tradicionales? 

volver arriba