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Noroña: cuando la austeridad cambia de significado

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En política, las palabras permanecen. Los discursos pronunciados años atrás pueden regresar para confrontar a quienes hoy ocupan posiciones distintas frente a los mismos temas.

Ese es el caso del senador Gerardo Fernández Noroña y su postura frente a la austeridad, los privilegios y los beneficios de quienes ejercen el poder.

Durante años, Fernández Noroña construyó parte de su discurso público cuestionando precisamente los privilegios de la clase política.

En 2009, siendo diputado federal, reclamaba que quienes vivían del erario renunciaran a privilegios, seguros privados y sobresueldos. En aquel momento sostuvo: “que no haya privilegios”, dentro de una intervención en la que cuestionaba los excesos de legisladores y funcionarios.

El discurso continuó años después.

En mayo de 2023, durante la confrontación entre el entonces gobierno federal y la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Fernández Noroña aseguró desde el Congreso que irían contra los fideicomisos del Poder Judicial y afirmó: “les vamos a quitar sus privilegios”.

La discusión sobre los beneficios de los ministros incluía salarios, seguros médicos, teléfonos, viáticos y otros apoyos pagados con recursos públicos.

Hasta ahí, el mensaje parecía claro: el ejercicio del poder debía estar acompañado de austeridad y de una reducción de privilegios.

Pero los años pasaron y el discurso adquirió nuevos matices.

En enero de 2026, la nueva Suprema Corte quedó envuelta en una controversia después de adquirir nueve camionetas Jeep destinadas a sus ministros.

La propia Corte argumentó que la renovación se encontraba contemplada en su normatividad interna y respondía a razones de seguridad y operación.

Las críticas surgieron precisamente porque la nueva integración de la Corte había llegado con un discurso de austeridad y eliminación de privilegios.

Y entonces apareció Fernández Noroña, pero esta vez no para cuestionar los vehículos.

Los defendió.

El 24 de enero sostuvo que los ministros, al igual que otros altos funcionarios, deben disponer de vehículos oficiales debido a las responsabilidades de su cargo.

Su argumento fue contundente:

“Es una herramienta de trabajo, no es un lujo”.

Incluso agregó:

“Ni modo que se vayan a pie, en Metro, que pidan aventón”.

La controversia creció y, ante las críticas públicas, los ministros anunciaron que no utilizarían las camionetas y solicitarían iniciar el procedimiento para devolverlas.

Pero Fernández Noroña tampoco consideró acertada esa decisión.

Calificó la devolución como una “torpeza inconmensurable” y afirmó que, en el caso de la nueva Corte, no veía privilegios ni excesos. También reconoció que existía una fuerte presión pública alrededor de la austeridad, un debate que, según sus propias palabras, su movimiento había contribuido a alimentar.

Meses después, su interpretación de la austeridad quedó todavía más clara.

El 1 de abril de 2026 sostuvo que los integrantes de la llamada Cuarta Transformación no están obligados a ser austeros en su vida personal.

Su posición actual distingue entre dos conceptos: la austeridad en el manejo del dinero público, que considera obligatoria, y la vida privada de los políticos, donde sostiene que cada persona puede gastar sus ingresos legítimos como decida.

Y aquí está el verdadero debate.

No se trata de afirmar que un ministro deba trasladarse necesariamente en transporte público ni de negar que determinados funcionarios puedan requerir medidas especiales de seguridad.

Tampoco se trata de cuestionar automáticamente el patrimonio personal de alguien únicamente porque ocupa un cargo público.

El asunto es otro: la consistencia entre el discurso que se utilizó para cuestionar a quienes anteriormente ejercían el poder y los argumentos empleados cuando situaciones semejantes involucran a personajes políticamente cercanos.

La antigua Corte fue señalada durante años por sus salarios, vehículos, prestaciones y beneficios.

La nueva Corte adquirió camionetas y Fernández Noroña consideró que eran herramientas necesarias para desempeñar el cargo.

Son dos posiciones que pueden tener explicaciones y contextos diferentes, pero cuyo contraste resulta legítimo señalar.

La propia presidenta Claudia Sheinbaum reconoció positivamente la decisión de los ministros de reconsiderar el uso de las camionetas, mientras que Ricardo Monreal, también integrante de Morena, señaló que ese tipo de adquisiciones podía contradecir la filosofía de austeridad de su movimiento.

Es decir, incluso dentro de la propia Cuarta Transformación existen interpretaciones diferentes sobre dónde termina una necesidad institucional y dónde comienza un privilegio.

Ahí radica una discusión que trasciende a Fernández Noroña.

La austeridad no debería depender del nombre, del partido o de quién ocupa determinado cargo.

Si un vehículo oficial es necesario por razones de seguridad, corresponde justificarlo técnicamente.

Si un gasto es indispensable para cumplir una función pública, debe explicarse.

Y si anteriormente se criticaron beneficios semejantes, también es válido que la sociedad pregunte qué cambió entre aquel discurso y la posición actual.

Porque en democracia las declaraciones públicas forman parte de la memoria colectiva.

Y cuando un político cambia de argumento, el periodismo no tiene que decidir por el ciudadano si ese cambio está justificado.

Tiene una tarea más sencilla y, al mismo tiempo, más importante:

poner frente a frente lo que se dijo ayer y lo que se sostiene hoy.

La conclusión corresponde a cada lector.

Prensa Libre Chiapas
Editorial

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