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Liderazgo inmoral Destacado

 

 

La carencia más significativa en el mundo de la política actual es, paradójicamente, el ancla que los partidos lanzan al fondo de su propio fango, para aferrarse a un discurso poco convincente cuando no, oportunista e ineficaz. La figura del “liderazgo moral”, ha desaparecido desde hace décadas de los institutos políticos, sean éstos de izquierda, de derecha, de centro o de cualquier posición ideológica. 

Hace unos días, el izquierdoso Partido de la Revolución Democrática (PRD), alzó en hombros al diputado federal Diego Valera Fuentes —que recientemente renunció a su militancia dentro del gobernante PVEM—, a quien de inmediato, se otorgó el título de “líder moral” de ese partido, al que apenas en la última elección, atacó rabiosamente y acusó de todos los delitos electorales posibles. 

No debería arrastrarnos a terrenos de la sorpresa ese tipo de actos políticos, principalmente al interior de la izquierda mexicana, urgida de nombres para fortalecerse numéricamente; de hecho, el 90 por ciento personajes componentes de esa corriente ideológica, han pertenecido al odiado Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Llama la atención porque con ello, el sistema partidista mexicano envía mensajes perturbadores a la sociedad. En primer lugar, revelan la pérdida de conocimiento general de reglas comunes y sencillas que deben seguirse, para reconocerse entre ellos y ubicar a cada uno en su justa dimensión. 

En segundo, ponen en evidencia la falta de criterios partidarios sólidos que garanticen la idoneidad de quienes aspiren a ser parte de sus filas. Tercero, dejan en claro que la lealtad, no es una exigencia, lo que vulnera sus estructuras y pone en riesgo la credibilidad de los partidos. Cuarto, que el trabajo de años que han realizado algunos viejos militantes del PRD, no cuenta; en cambio sí, el arribismo de un niñato que apenas sabe deletrear las siglas de ese partido. 

Todo indica que la urgencia no es convencer a la sociedad con acciones coherentes y responsables, sino atiborrar sus filas con personajes que solo aportan descrédito y desconfianza. Elevar a rango de “líder moral” a un diputado federal que ha pasado por diversos partidos y se cambió de siglas, no por convicción sino por ambiciones personales, ha sido un craso error de la dirigencia nacional de ese partido. 

Un error calculado, por supuesto. Un “error” que reditúa, no votos, sino posiciones perfectas para el chantaje político y la componenda electoral que mantenga los privilegios de los dirigentes. Esa y no otra es la triste realidad de la izquierda mexicana, que se ha convertido en una especie de drenaje, por el que circulan políticos corruptos, desleales, mentirosos, deshonestos y oportunistas.

¿Saben en el PRD qué es un “liderazgo moral”? Para constituirse un liderazgo de esa índole, es necesario que líder y seguidores, posean un alto sentido de dignidad, lealtad y compromiso con la causa que encabezan. Debe reunirse una serie de elementos, valores y principios éticos, además de conocimientos profundos de las metas que se persiguen. 

Es notorio que quienes han elevado de categoría a un advenedizo, no han leído a Sartori, Laporta o Kuschera; desconocen elementales normas políticas que en el pasado, con todo y sus defectos, hacían del partidismo, entes respetables e instituciones autorizadas para influir en las formas de gobierno. 

Un verdadero liderazgo debe asentarse en buenas costumbres, creencias firmes, ideas sólidas, valores incuestionables y principios inatacables. Fundarlo en lo contrario, como sucedió con Valera Fuentes, es ir contra la corriente general que exige liderazgos confiables y políticos serios.

¿En qué se han basado para nombrar “líder moral” a un personaje que anteriormente había traicionado a ese mismo partido?  ¡Es incongruente! Ese título solo deberían tenerlo quienes han permanecido en las filas del PRD desde su fundación; quienes a pesar de los graves problemas internos, han defendido su ideología e incluso, han sufrido persecución y cárcel por ello. ¿Pero, Valera? 

 

Puede ser que los dirigentes del PRD estén a tiempo para revertir esa decisión. A menos que prefieran la burla y el encono al interior, la mantendrán, lo cual significaría el retorno al tristemente célebre “cochinero” con que empezó su debacle. La moral, no es cosa de posturas y oportunismos, sino de actos que revaloren al ciudadano y recompongan la desordenada política del país. 

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