DE LOS EDITORES...
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No son maestros: Son delincuentes
Una vez más el magisterio democrático aglutinado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha vuelto a las calles. Y con ello los daños colaterales a la sociedad que, indefensa y hasta el hartazgo de abusos, sólo le queda resignarse y esperar. Así ha sido siempre.
Durante tres días, a partir del 1 de mayo de 2017, los maestros (término sui géneris para unos delincuentes) se han instalado en plantón en el parque central después de realizar una marcha conmemorativa al Día del Trabajo. La advertencia es que, analizan, si el plantón es por tiempo indefinido.
El anuncio de movilizaciones que hizo el magisterio de Chiapas, nuevamente pidiendo la abrogación de la Reforma Educativa en la entidad, puso a temblar a propios y extraños, ya que aún se recuerda, principalmente los tuxtlecos, el desastre financiero y el caos que el movimiento magisterial provocó el año pasado.
El magisterio no olvida que los líderes corruptos terminaron vendiendo el movimiento a las autoridades gubernamentales, entregando por completo los intereses colectivos de los maestros, aprovechándose de muchos ingenuos que pensaban el movimiento era genuino.
En la memoria de los chiapanecos continúa todos los desmanes que provocaron en 2016, como los maestros rapados en Comitán de Domínguez, el caos que provocaron en Tuxtla Gutiérrez dejando toneladas de basura en el centro, entre cerveza y preservativos por todos lados, para que al final terminaran vendiéndose.
Cómo extrañamos a aquellos grandes maestros que hicieron historia con el gis y el borrador en la mano, que con decisión y arrojo se lanzaron a las comunidades para destruir la ignorancia y promover una nueva vida a los jóvenes y niños mexicanos a través de la educación.
Los de hoy no son maestros. Son guerrilleros disfrazados de maestros y arropados en la impunidad. Son salteadores de caminos que vejan, roban, delinquen, agreden, humillan en tumulto al amparo que les da la complicidad del Estado sabedores que, pese a sus atrocidades, nadie les hará nada porque la ley para ellos es sólo una mera referencia.
Como agentes de cambio y transformación, los maestros de antaño eran venerados y respetados. Se les amaba y valoraba. Los de hoy sólo causan repudio, indignación y repulsión a un pueblo que los desprecia por tantos desmanes.
¿Hasta cuándo? esa es la gran pregunta. Sólo nos queda exigir, aunque sin éxito, que el Estado use todo el peso de la ley y la fuerza del Derecho para poner orden y controlar a una banda de salvajes que nos tienen aterrorizados.
Chiapas no merece esto. La educación no merece esto. Nadie merece esto.











