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Caso de la colonia Los Laureles
De la noche a la mañana, un grupo de vecinos -sí, un grupo minoritario- de la colonia Los Laureles, ubicada en el lado poniente de la capital Tuxtla Gutiérrez, empezó a construir una enorme verja para aislarse del resto de la ciudad con el pretexto de garantizar su seguridad.
La historia nos enseña que una de las ciudadelas amuralladas más famosas de todos los tiempos ha sido Troya que Homero nos la relata con singular elegancia en La Ilíada. Pese a su fortaleza, Troya habría de caer en llamas cuando parte del enemigo se infiltra a ella a través en un fantástico y gigantesco caballo de madera. El famoso caballo de Troya. Sólo así, con ese ingenio de guerra, Troya pudo ser violada.
Pero la colonia Los Laureles, si bien es un lugar habitado por gente rica, no es ninguna ciudad amenazada por el enemigo que, en este caso, sería la inseguridad. Es un fraccionamiento que goza, como todo Tuxtla, de las estrategias más novedosas en materia de seguridad que han implementado las autoridades capitalinas en coordinación con autoridades estatales y federales.
En Los Laureles desde hace diez meses no se comete un sólo delito y la colonia está incorporada a un plan integral de seguridad que se aplica a todos los fraccionamientos, barrios y colonias de Tuxtla lo que ha permitido inhibir a la delincuencia y proteger, con efectividad, la vida y los intereses de los ciudadanos y en general de las familias.
El asunto en la colonia Los Laureles es más bien de tintes políticos y en el que tiene metidas las manos el ex diputado federal Martín Ramos Castellanos, un individuo que sirvió en los gobiernos de Pablo Salazar Mendiguchía y de Juan Sabines Guerrero y que pretende regresar a los reflectores como las vedettes en decadencia. Al menos ahora lo ha conseguido.
Ramos es militante del Partido de la Revolución Democrática y de él sólo se saben escándalos políticos y el repudio que se ganó a pulso en la zona de la frailesca por su intromisión violenta en la cúpula del perredismo provocando división y confrontación. Ha sido un buen peón tanto de Sabines como de Salazar.
La mayoría de habitantes del fraccionamiento Los Laureles en realidad estaba ajena a este atropello a la ley.
¿Cómo de pronto un sujeto, por sus pistolas, manda edificar una gigantesca cerca para confinarse de sus semejantes y de la civilización? Podría decirse que es un caso para la siquiatría porque, con todo respeto, sólo a un loco se le ocurre semejante osadía.
Escuchando a la gran generalidad de vecinos de Los Laureles, el ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez actuó con prontitud para evitar mayores daños a terceros y asegurar el Estado de Derecho, la convivencia pacífica y el respeto a la legalidad, pues se estaba atentado contra el libre tránsito y violentando los artículos 6 y 21 del Reglamento de Construcción de Tuxtla Gutiérrez.
¿En dónde cree que vive o quién se cree este señor Ramos Castellanos? Qué bueno que la autoridad respondió con prontitud y amparada en la ley para cerrar el paso a la impunidad.
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