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- Escrito por Comunicado de Prensa
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Con la Iglesia hemos dado, Sancho...
Una y otra vez la iglesia católica ha estado mezclada en política. Más allá de los escándalos por casos de pederastia e incluso las sospechas por sus presuntos nexos con el narcotráfico (no olvidar el expediente del Cardenal Posadas Ocampo), los hombres de sotana más notables, figuras clave, reiteradamente manifiestan su tendencia sobre asuntos ajenos a la fe.
Desde la época de la colonia la iglesia católica ha tenido una fuerte injerencia en la sociedad llegando a la manipulación. Desde el púlpito, lejos de predicar la doctrina cristiana como mandatan sus cánones, los curas transmiten mensajes tendenciosos que impactan en la gente.
Si bien había diques en la Constitución de 1917 que desataron incluso violentas represiones estallando la guerra de los cristeros, en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari México abrió lazos diplomáticos con El Vaticano y a partir de ahí la impertinencia de la iglesia en política ha sido más manifiesta, sin pudor.
Con la iglesia hemos dado, Sancho, dice en un pasaje Don Quijote de la mancha entrando al pueblo de Tosobo.
Esa referencia, taxativa, sin duda es una advertencia contundente de lo inconveniente que resulta la intrusión de la iglesia católica en los temas que solo competen a la sociedad.
En Chiapas hemos superado no sin dificultades los procesos electorales más recientes. Hoy es tiempo de sanar cicatrices y de que pueblo y autoridades trabajen en armonía para mantener el desarrollo y la gobernabilidad. Ya hemos dicho que las elecciones han quedado atrás y en eso hay que mantenernos ocupados.
Por eso creemos que el Arzobispo Fabio Martínez Castilla, originario de Isla Mujeres, Quintana Roo, ha cometido graves imprudencias cuando, a nombre de los chiapanecos, critica rabiosamente el comportamiento de los políticos y habla de la creciente desconfianza de los ciudadanos.
Quizá tiene razón, pero no es su papel rociar más gasolina a temas álgidos porque lo que ahora debemos hacer, todos sin excepción, es abonar en la paz y la armonía colectiva.
El Arzobispo Castilla es recordado por aquella desafortunada declaración, en 2013, al señalar que es mucho más grave el aborto que la violación de niños por parte de curas de la iglesia católica.
Textualmente señaló en esa ocasión: Cuando un niño es abusado sexualmente “se muere su futuro”; sin embargo, este hecho no tiene comparación con el aborto, porque “éste es un asesinato”.
Pese a la crisis de credibilidad que la asfixia en estos días, la iglesia sigue jugando un papel relevante en nuestros pueblos. Por tanto, su mensaje ha de ceñirse a la hermandad, a la unidad, a la prosperidad y a la comunión entre hermanos porque Chiapas y el mundo viven épocas difíciles que pareciera se ciernen sobre ellos grandes calamidades.
La iglesia, en sí, no puede tomar partido político ni tener preferencias sobre determinados candidatos y menos azuzar a sus huestes. Si alguno de sus miembros lo hace es a título personal.
Son momentos de fortalecer la unidad como pieza clave de la gobernabilidad y de la paz entre las comunidades y los individuos. A nadie convienen más desgracias y son impíos quienes piensen y actúen en sentido contrario.