El consumidor digital

  • Es evidente la desaparición del sistema de compra para dar paso al arriendo de bienes culturales.

La semana pasada se llevó a cabo, en la Universidad de los Andes, la Segunda Conferencia Internacional de Derecho y Empresas Creativas, un encuentro para debatir sobre los retos que la innovación tecnológica le plantea a la propiedad intelectual. 

Los participantes de más de 20 países hispanoamericanos discutieron sobre el papel casi hegemónico que hoy juega internet como nuevo centro de comercio de todos los productos protegidos por el derecho de autor: desde música, software, textos y películas hasta el álbum familiar de fotografías.

Según el abogado Fernando Zapata, el consumo digital ha desmaterializado las obras hasta el punto de borrar la propiedad del bien cultural, sea esta una canción o un video. Hoy, cuando el consumidor paga, no adquiere un producto, solo accede temporalmente a él hasta que vuelva a pagar su mensualidad. 

Es evidente la desaparición del sistema de compra para dar paso al arriendo de bienes culturales. Se habla de la ausencia total de un debate filosófico sobre la creación artística, hasta el punto que mencionó María Victoria Oramas, abogada especializada en derechos de autor, que la música de hoy no refleja las necesidades de la sociedad, solo narra banalidades.

Para Santiago Schuster, profesor de la Universidad de Chile y uno de los organizadores del evento, ya no es claro dónde sucede la explotación de la obra: si en el origen, es decir la plataforma donde se aloja la creación, o en el destino, que no es otra cosa que el dispositivo donde la disfruta el suscriptor. 

Esto eleva la complejidad de contabilizar el consumo de música a nivel multi-territorial para las sociedades de gestión que están limitadas por ley para operar en un solo territorio. 

A la hora de encontrar los ganadores y perdedores en esta vertiginosa migración del consumidor al entorno digital ocurrida en lo que va del siglo XXI, es claro que los transportadores de contenidos de libre acceso como Facebook o Youtube, o los de suscripción como Spotify y Deezer, son los beneficiarios de esta nueva modalidad, mientras que en la parte más frágil de la cadena de valor digital está el autor de contenidos, como bien lo anotó el experto brasileño Rafael Mello. 

Se hace indispensable el rediseño de los tratados internacionales del derecho de autor para atender la masiva circulación actual de contenidos.

 

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